1 agosto, 2026

*Opinión*. Diego Santilli y el desprecio por la voluntad popular

Pedir la renuncia de un vicepresidente no es un hecho menor. Mucho menos cuando se trata de una persona que junto al presidente fue elegida por el voto popular en una elección democrática. Cuando un dirigente político reclama que una autoridad con mandato constitucional «dé un paso al costado», no está cuestionando a un funcionario designado: está cuestionando una decisión tomada por millones de ciudadanos en las urnas. Ese tipo de planteos representan una grave desvalorización de la legitimidad democrática, ejercen una presión institucional sobre una autoridad electa y contribuyen a erosionar el respeto por los mandatos constitucionales.

En un país con historia de crisis políticas y salidas anticipadas, naturalizar que las diferencias se resuelvan exigiendo renuncias es un mensaje institucionalmente peligroso. La democracia no consiste en aceptar el resultado electoral solo cuando resulta conveniente. Los cargos obtenidos por el voto popular terminan cuando vence el mandato o cuando la propia Constitución prevé un mecanismo para ello, no cuando un dirigente político considera que alguien debería irse.

Defender las instituciones también implica respetar la voluntad del pueblo, incluso cuando existen profundas diferencias políticas. Debilitar ese principio nunca fortalece la República; por el contrario, la erosiona.

Es muy grave ¡¡¡

Opinión de Daniel Haggerty en X: @danhaggok

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