#Columna de opinión: ¿Los salarios le ganaron a la inflación? La letra chica de los datos oficiales

Nota de Opinión: Ariel Mamani
Existe un debate constante sobre si los ingresos reales de los argentinos lograron superar la suba general de precios en los últimos años. Al observar las estadísticas, surgen debates fuertes entre lo que dictan los informes oficiales y la realidad diaria del bolsillo. Para comprender este fenómeno, es necesario desglosar los números y entender desde dónde se miden.
En Argentina, existen distintos termómetros para medir los sueldos. El RIPTE, por ejemplo, calcula los salarios brutos (remuneración imponible promedio) de trabajadores formales con más de 13 meses de antigüedad, dejando fuera a casi la mitad de los trabajadores del país – aquellos trabajadores que no cumplen con ese requisito y a quienes no están registrados-. El INDEC, en cambio, ofrece un panorama más amplio dividiendo el mercado en tres sectores: privado registrado, público e informal.
La clave matemática de la discusión actual radica en el mes de inicio del análisis. Diciembre de 2023 registró una inflación mensual del 25,5%. Si se incluye ese mes en el cálculo del aumento del IPC durante el mandato de Javier Milei, la inflación acumulada a la fecha ronda el 320%. Si se comienza a contar desde enero de 2024, el acumulado es del 234,7%. Este simple cambio de calendario altera drásticamente los resultados.
Ganadores, perdedores y puestos perdidos
Contrastando la suba de precios con el Índice de Salarios, el mapa laboral muestra realidades opuestas:
• Privado registrado: Si se excluye diciembre de 2023, los salarios superaron a la inflación por un 9% real. Si se incluye, registran una pérdida del 3,6%. Es decir, el trabajador formal se encuentra oscilando en la línea del empate. Sin embargo, la estadística salarial no refleja los más de 240.000 puestos de trabajo que se perdieron en el sector privado durante este período según el SIPA (Sistema Integrado Previsional Argentino).
• Sector público: Es el segmento más castigado. Pierde poder adquisitivo en cualquier escenario, con caídas reales que van desde el 0,7% hasta el 16,5% en términos reales (comparado contra la inflación). A esto se le suma una reducción cercana al 20% en la dotación nacional, equivalente a la pérdida de unos 68.500 puestos de trabajo.
• Trabajadores informales: Matemáticamente, es el único sector que le ganó ampliamente a la inflación (con subas reales de entre el 85% y el 115%) según los datos del INDEC. No obstante, este grupo —que representa a más del 44% de los asalariados— partía de una base salarial sumamente deteriorada, por lo que las cifras reflejan una recuperación desde un piso muy bajo y no necesariamente la generación de nueva riqueza.
El peso de las tarifas y el salario mínimo
¿Por qué la percepción generalizada es de pérdida económica, incluso en sectores que «empataron» estadísticamente? La respuesta se encuentra en la composición del gasto de los hogares.
Mientras que la inflación promedio (sin diciembre) fue del 234,7%, los precios regulados por el Estado sufrieron ajustes mucho más agresivos tras la quita de subsidios. Rubros ineludibles como vivienda, agua, luz y gas se dispararon cerca de un 530%, y el transporte un 274%. Esto significa que la porción de la inflación que más se aceleró fue precisamente la de los gastos fijos mensuales.
El contraste legislativo
Como contrapunto a la economía real, las dietas legislativas mostraron dinámicas propias. Los sueldos en el Senado registraron aumentos cercanos al 495% (pasando de $2,1 millones a $12,5 millones), duplicando holgadamente casi cualquier índice inflacionario. En la Cámara de Diputados, en cambio, los incrementos rondaron el 200%, quedando por debajo de la inflación promedio.
Hablar de salario real únicamente a partir de un promedio puede dejar afuera una parte importante de la realidad. No todos los trabajadores consumen la misma canasta, no todos tienen la misma estabilidad laboral y, sobre todo, no todos parten del mismo punto.
Por eso, más allá de discutir si los salarios “le ganaron” o “perdieron” contra la inflación, la pregunta que deberíamos hacernos es cuánto de ese ingreso realmente queda disponible después de pagar vivienda, servicios, transporte y alimentos. Porque recuperar algunos puntos de poder adquisitivo en una estadística no necesariamente significa recuperar la misma capacidad para llegar a fin de mes.
Entender esta diferencia no es un detalle técnico. Es una herramienta para tomar mejores decisiones financieras: saber cuánto realmente podemos gastar, cuánto necesitamos ahorrar y qué nivel de ingresos necesitamos para sostener nuestro nivel de vida. En una economía donde los promedios pueden contar una historia y cada bolsillo otra, aprender a leer los números también es una forma de cuidar nuestras finanzas.
