26 octubre, 2026

* Y un día volvió a General Villegas *: «Contengo Multitudes. Vida de Antonio Carrizo»

En el Hall del Palacio Municipal de General Villegas, el viernes pasado se presentó el libro Contengo Multitudes. Vida de Antonio Carrizo.

Merece el parte de prensa remitido por el área del municipio ser publicado en forma textual. Tiene tramos emocionantes que esta redacción no podría volcar en una nota.

Lo marcaremos con negritas y letras cursivas:

Hay personas que forman parte de nuestra memoria de una manera particular. No solamente porque las conocimos, sino porque su voz, sus palabras y sus gestos quedaron mezclados con una parte de nuestra propia historia.

Antonio Carrizo es una de ellas.

El viernes por la noche, el Hall del Palacio Municipal volvió a convertirse en un espacio para encontrarse con esa memoria. Desde las 19, ante la presencia del intendente municipal Gilberto Alegre y su esposa; la secretaria de Gobierno, Valeria Iglesias; funcionarios del Departamento Ejecutivo; Pepe Carrozzi y familiares de Antonio; familiares y amigos de Emiliano Betanzo; amigos y vecinos, se presentó Contengo Multitudes. Vida de Antonio Carrizo, el libro en el que el joven abogado villeguense reconstruye la vida de una de las voces más reconocibles de la radio argentina.

El intendente Gilberto Alegre fue quien abrió la jornada y lo hizo desde un lugar especialmente cercano: el de los recuerdos compartidos con Carrizo. Al referirse al locutor, periodista, entrevistador y personalidad de la cultura, lo definió como “un hombre entrañable, humilde y brillante, profundamente ligado a General Villegas y querido por todo el país”.

Alegre destacó además el valor de recuperar su figura y su legado para las nuevas generaciones, a través de varios eventos realizados en sus gestiones de gobierno: “Me enorgullece que lo hayamos homenajeado mientras estaba vivo y queremos que su legado inspire a las nuevas generaciones”.

Después llegó la conversación entre Emiliano Betanzo y Pepe Carrozzi, uno de los hijos de Antonio, que permitió ingresar a una zona menos conocida de aquella figura pública que durante décadas acompañó a millones de argentinos desde la radio y la televisión.

Detrás del libro hay un enorme trabajo de investigación periodística. Emiliano reconstruyó la trayectoria de Carrizo a partir de documentos, fotografías, archivos y, fundamentalmente, de una inmensa cantidad de entrevistas a personas que, de distintas maneras, tocaron la vida del protagonista. Entre los objetos que más lo conmovieron durante ese recorrido aparecieron dos particularmente significativos: el primer carnet de locutor de Antonio y su carnet de socio del Club Eclipse Villegas.

La conversación también permitió descubrir al Carrizo íntimo. Pepe contó numerosas anécdotas de su padre, entre ellas su relación con Bobby Fischer, pero hizo una aclaración que atravesó buena parte de la charla: él hablaba de su padre, del hombre, no de la figura pública.

Pepe definió a su padre como “un torbellino” dentro de su casa. Un hombre noctámbulo que pasaba las noches fichando libros, escuchando música, leyendo y catalogando colecciones. Una rutina que incluso marcó su relación con la radio: nunca aceptó hacer un programa de prime time porque su condición era que comenzara después del mediodía.

También habló de un hombre estricto, aunque atravesado por pequeños detalles que dejaban al descubierto una enorme ternura. Esa dualidad —el rigor y la sensibilidad, la cultura y el afecto, el hombre público y el padre— fue delineando durante la noche las múltiples vidas que contiene el título elegido por Betanzo.

“Fue un hombre atravesado por la curiosidad”, señaló Pepe.

Quizás allí esté una de las claves para comprender la dimensión de Antonio Carrizo. La curiosidad como motor de una cultura construida en buena medida de manera autodidacta; la curiosidad que lo llevó a conquistar primero la gran ciudad y después a convertirse en una figura reconocida y respetada en todo el país y más allá de sus fronteras.

La entrevista fue uno de sus grandes sellos. A lo largo de su extensa trayectoria se sentó frente a figuras tan diversas como Jorge Luis Borges, Astor Piazzolla, Carlos Monzón y Diego Maradona, construyendo conversaciones que trascendieron la pregunta y la respuesta. “Yo toda mi vida he sido muy curioso, muy preguntón”, explicaba para definir una forma de hacer periodismo que se alimentaba de la literatura, la música, el deporte y, sobre todo, de una curiosidad inagotable por las personas y sus historias.

Sobre la mesa que formaba parte de la escenografía, Pepe dejó la gorra de su padre. El objeto funcionó como una presencia silenciosa durante toda la conversación. Como si desde allí también estuvieran su voz, sus sonrisas, sus ojos inmensamente claros y aquel dedo que movía constantemente para remarcar una idea.

Pero si hay un territorio al que Antonio nunca dejó de volver, ese lugar fue General Villegas. La pampa a la que volvía cada vez que necesitaba.

Pepe habló con particular emoción de su vínculo con el pueblo. De ese “Querido Villegas” que sigue amando por quienes están y añorando por quienes ya no están. También reflexionó sobre esa especie de magia que parece atravesar a esta ciudad, cuna de grandes personalidades de la cultura y el deporte, y recordó incluso su lazo familiar con la familia Puig.

Porque Antonio construyó buena parte de su vida en Buenos Aires. Se convirtió en una de las voces más reconocibles de la radio argentina. Fue periodista, locutor, entrevistador, lector y un enorme hombre de la cultura. Pero nunca dejó de llevar puesto a General Villegas.

Él mismo lo resumió alguna vez de una manera que parece escrita para explicar la relación entre el hombre y su pueblo: “Mi piel han sido los libros; mi memoria es General Villegas; mis ojos, todo lo demás”.

Y hay otra frase, esta vez en el libro de Emiliano, que resume esa doble pertenencia: “Antonio Carrizo se convirtió en porteño, pero nunca abandonó a General Villegas”.

Quizás por eso Contengo Multitudes resulte un título tan apropiado.

Porque la investigación de Betanzo no intenta encerrar a Carrizo en una única definición. Por el contrario, abre las puertas de las muchas vidas que convivieron en él: el locutor, el periodista, el lector, el coleccionista, el entrevistador, el hombre de radio, el padre, el amigo, el vecino que nunca dejó de mirar hacia el lugar donde había nacido.

Después de escuchar todas esas voces, se entiende la multitud que da nombre al libro. Emiliano volvió a reunir esas huellas. Las buscó en archivos, fotografías, documentos, recuerdos y, sobre todo, en las voces de quienes conocieron a Antonio. Y consiguió algo que solamente puede conseguir la literatura cuando se encuentra con la memoria: que Antonio volviera a conversar por una noche.

Estuvo en las palabras del intendente. Estuvo en la memoria de Pepe. Estuvo en las páginas de Emiliano. Estuvo en quienes lo escucharon. Y, definitivamente, sigue estando en su pueblo.

Porque hay voces que no desaparecen cuando dejan de sonar en una radio. Se quedan en la memoria de quienes las escucharon y vuelven cada vez que alguien decide contar su historia.

Antonio Carrizo seguirá hablando cada vez que alguien vuelva a contar quién fue. Y esta vez, esa voz volvió a escucharse en General Villegas.