Periodismo: recuperar la rigurosidad, el equilibrio basado en el estricto apego a los hechos

Por Pablo Morosi. Periodista y Escritor. Una de sus grandes obras: «Favaloro, el Gran Operador»

Pablo Morosi

Operador, ensobrado, bolsero, tendencioso, pauta dependiente, traficante de influencia, mercenario, mentiroso… Mal que nos pese estos son hoy para mucha gente sinónimos de periodista.

Pensar que cuando hace muchos años atrás propuse y, finalmente, logré armar una cátedra de Ética Periodistica en una universidad pública, la experiencia duró apenas un par de años hasta que las autoridades la dieron de baja con el argumento de que el tema no generaba interés en los alumnos.

Pero el nudo central del derrumbe en la consideración sobre el periodismo no está dado sólo por los deficits de formación sino también el esquema inaudito, arbitrario e injusto con que se distribuye la pauta publicitaria del Estado, principal sosten para la mayoría de los medios.

La suspensión de la pauta publicitaria por un año anunciada por el gobierno debería llevar a la estructuración de un nuevo esquema que, si contempla retomar la distribución lo haga con parámetros racionales y transparentes para garantizar una verdadera pluralidad amplia y democrática.

En ese contexto, es imprescindible transformar los medios del Estado de medios al servicio de los gobiernos de turno en espacios ejemplares en relación con la información de calidad y una amplitud de voces que incluya y refleje cabal y honestamente las discusiones y diversidades que existen en el país.

Ya sea en un sistema de medios que conciba la información como mercancía o en uno que la privilegie como servicio público, la independencia debe ser un horizonte hacia el que tender para garantizar la citada calidad en base a un Periodismo afirmado en un método profesional y una ética que operen por encima de cualquier subjetividad.

Es preciso recuperar la rigurosidad, el equilibrio basado en el estricto apego a los hechos y una deontología que guíe nuestro trabajo, pero también hay que reflotar la idea de la tan vapuleada independencia que ubica nuestra labor a una distancia necesaria de los actores poderes en pugna -incluidos los dueños o gerentes de los propios medios de comunicación- y permite abordar lo que importa exclusivamente al interés común.